Del diario de Cristobal Colón:
"Nos trajeron loros y bolas de algodón y lanzas y muchas otras cosas más que cambiaron por cuentas y cascabeles de halcón. No tuvieron ningún en darnos todo lo que poseían... eran de fuerte constitución, con cuerpos bien hechos y hermosos rasgos... No llevan armas ni las conocen. Al enseñarles una espada, la cogieron por la hoja y se cortaron al no saber lo que era. No tienen hierro. Sus lanzas son de caña... Serían unos criados magníficos... Con cincuenta hombres los subyugaríamos a todos y con ellos haríamos lo que quisiéramos".
Cuando volvió a España, en su informe a los reyes Colón escribió que había inmensas riquezas. Dijo que necesitaba ayuda para volver a ir a América, y ofreció que a cambio les traería:
"Cuanto oro necesitasen... y cuantos esclavos necesitasen".
Al final del informe escribió:
"Es así que el Dios eterno, Nuestro Señor, da victoria a los que siguen Su camino frente a lo que aparenta ser imposible".
Le concedieron diecisiete naves y más de mil doscientos hombres para que fuese a América y trajese oro y esclavos.

Después de traer el primer grupo de esclavos Colón escribió:
"En el nombre de la Santa Trinidad, continuemos enviando todos los esclavos que se puedan vender".
Por desgracia Antonio Cañizares, como tantos otros curas y devotos de la historia sigue creyendo que su dios les llama y les impulsa a cometer este tipo de atrocidades. En sus ojos lo hacen para evangelizar, lo hacen por que su religión es mejor, son superiores; el resto son incivilizados. Y además porque al actuar de este modo reúnen grandes riquezas.
Sin embargo no todos los religiosos usan el nombre de su dios para justificar crímenes. Bartolomé de las Casas, un joven sacerdote es quizás la única fuente de información de lo que ocurrió, y se convirtió en un vehemente crítico de la crueldad española.
"Testimonios interminables... dan fe del temperamento benigno y pacífico de los nativos... Pero fue nuestra labor la de exasperar, asolar, matar, mutilar, y destrozar; ¿a quién puede extrañar, pues, si de vez en cuando intentaban matar a alguno de los nuestros? ... El almirante, es verdad, fue tan ciego como los que le vinieron detrás, y tenía tantas ansias de complacer al Rey que cometió crímenes irreparables contra los indígenas".

De Las Casas escribió que:
"Los españoles no se lo pensaban dos veces antes de apuñalarlos a docenas y cortarles para probar el afilado de sus espadas. ... Dos de estos supuestos cristianos se encontraron un día con dos chicos indígenas, cada uno con un loro; les quitaron los loros y para su mayor disfrute, cortaron la cabeza a los chicos".
De Las Casas escribió que los hombres eran llevados a trabajar como esclavos en las minas, mientras que las mujeres eran explotadas para la cultivación de la yuca.
"De esta forma las parejas sólo se unían una vez cada ocho o diez meses y cuando se juntaban, tenían tal cansancio y tal depresión... que dejaban de procrear. Respecto a los bebés, morían al poco rato de nacer porque a sus madres se les hacía trabajar tanto, y estaban tan hambrientas, que no tenían leche para amamantarlos, y por esta razón, mientras estuve en Cuba, murieron 7.000 niños en tres meses. Algunas madres incluso llegaron a ahogar a sus bebés de pura desesperación... De esta forma, los hombre morían en las minas, las mujeres en el trabajo, y los niños de falta de leche... y en un breve espacio de tiempo, esta tierra, que era tan magnífica, poderosa, y fértil... quedó despoblada... Mis ojos han visto estos actos tan extraños a la naturaleza humana, y ahora tiemblo mientras escribo".
Valgan esas citas como una pequeña muestra de la forma de conducta de las huestes evangelizadoras y cristianas.
El problema es que todavía hoy estos crímenes se justifican, o se les da un lavado de cara, y la misma técnica se emplea en guerras contemporáneas. Es difícil, yo diría que imposible, ignorar las similitudes, entre lo que Bartolomé de las Casas escribe, y la guerra de Irak. Antonio Cañizares describe como una gran empresa de evangelización, o cristianización, lo que resultó en la muerte de millones y millones de personas. George W. Bush, Tony Blair, y Aznar, y los demás hablaron de democratizar países. Son palabras vacías que sirven un sólo propósito enmascarar las atrocidades que se cometen a seres humanos en busca de oro, petróleo, y riquezas.
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