El nigromante murió en el año 1975, y la mayoría de sus esbirros desaparecieron en profundas cuevas, lamentándose en la oscuridad. Algunos, sacaron pecho y siguieron adelante, sin esconderse, con las manos en el timón. Donde antes no había opción, ahora se presentaba todo un cruce de caminos.
Algunos anunciaron que tomaban el camino de la izquierda. Sin embargo, avanzaron por ese camino con miedo, casi como pidiendo perdón a los viejos patrones, y a la deriva, terminaron en un puerto indescriptible desde donde era difícil discernir ningún camino.
Los que tomaron el camino de la derecha sin embargo, siguieron su rumbo, sin distracciones, sin dar tumbos, y llegaron a un lugar maravilloso, donde los elefantes volaban, y los soldaditos de plomo tomaban ordenes y las ejecutaban sin rechistar en tierras distantes. Así fue, que la derecha vivió en un mundo de fantasía desde donde crearon el gran tapiz de las mentiras.
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