Igual soy el único. Me siento un poco raro. El caso es que nunca entenderé por qué la gente siente tanta pasión por el deporte. No entiendo ese tipo de identificación, de entrega total en cuerpo y alma que la gente siente por Nadal, Alonso, o la selección española, solo equiparable con la devoción de los cristianos fundamentalistas que caen desmayados al oír el nombre de Jesús.
Es más, nunca me he apuntado a ninguna fiesta nacionalista, y el fervor nacionalista unido al deporte me da pavor. ¡Qué pena que no ganase Alemania! Así por lo menos me hubiese ahorrado todo este jolgorio.
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